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Por Alejandro Villegas

De manera indirecta, pero firme, la Organización Mundial de la Salud ubicó al ciudadano presidente y le recordó sus límites. Sus procesos no se mueven con declaraciones lapidatorias, ni admiten presiones. En pocas palabras no son el pueblo bueno, ni el séquito presidencial mexicano.
En respuesta pronta a las declaraciones del ciudadano presidente en torno a su demora para aprobar las vacunas contra COVID-19 y el señalamiento de que se presentaría una solicitud formal, le recordaron que se mueven por procedimientos y protocolos establecidos, bajo un criterio científico, además de la invitación para que México envíe a sus expertos para constatar el proceso para avalar las vacunas.
La OMS enarboló su independencia y la hizo valer, y al ciudadano presidente no le quedó más que reforzar su acometida verbal, como una suerte de rabieta política, en busca del respaldo del respetable. Una cortina de humo que le permita endosarle la culpa al organismo internacional.
Es claro que la determinación del ciudadano presidente de arremeter contra la OMS, se debe a la falla que representa el hecho de que no todas las vacunas contra la COVID-19, serán validas a partir del 8 de noviembre para ingresar a los Estados Unidos.
Busca evitar un daño a su imagen y por supuesto a la 4T, por parte de los connacionales que se sientan defraudados.
Ese es un elemento que no tomaron en cuenta, quienes estructuraron y desarrollaron el Plan Nacional de Vacunación.
Ahora después del niño ahogado, tratan de tapar el pozo y endosarle la culpa a la OMS.
Autonomía
La autonomía y el espíritu libertario, así como el apoyo a las causas sociales, han caracterizado a la UNAM a lo largo de su historia. Académicos, docentes, investigadores y la grey estudiantil en general han dado pruebas palpables de su combatividad y beligerancia intelectual.
Una parte de ellos, por cierto no menor, lo acompañó y respaldó en su larguísimo trayecto de casi dos décadas rumbo a la presidencia de la República, pero eso al parecer poco o nada la importa al ciudadano presidente, al hacer señalamientos severos que a simple vista resulta insostenibles en contra de la máxima casa de estudios.
Si el ciudadano presidente quiere una UNAM y una comunidad universitaria, en general, dócil bien puede apoltronarse a esperar plácidamente los poco menos de tres años que le restan a su gestión, de eso no hay la menor duda.

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