Salida digna para el presidente de la Suprema Corte

Por Rafael Cienfuegos Calderón

Aunque sabe que es inconstitucional el artículo Décimo Tercero transitorio de la reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación que amplía su periodo de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) hasta 2024, como lo quiere el Presidente del cambio y la transformación, Arturo Zaldívar se lava las manos y recurre a la salida más fácil y cómoda. En el comunicado que se difundió el martes expuso que como el artículo que prorroga el ejercicio de la presidencia de la  Corte y del Consejo de la Judicatura Federal ha generado un ambiente de desconfianza que “injustamente” pone en entredicho la labor de toda la judicatura y siembra “dudas” sobre la independencia judicial y la división de poderes, propondrá al Pleno –de diez ministros- una consulta extraordinaria para que defina cómo va a proceder el Poder Judicial de la Federación (PJF). Salida cómoda pero falta de dignidad. Hay que recordar, que por mandato del Presidente, Morena y sus partidos comparsa incluyeron el referido artículo transitorio en la reforma al Poder Judicial aprobada en la Cámara de Senadores, y hay que hacer notar, que por ser violatorio de la Constitución el ministro Zaldívar tendría que ser el primero en rechazarlo en calidad de presidente de la Suprema Corte. Sin que ello haya ocurrido hasta ahora, endosa esa decisión. La opinión de juristas y constitucionalistas es que el artículo Décimo Tercero transitorio de la reforma Judicial es inconstitucional e indefendible, por lo que es de esperarse que la propia Corte lo rechace. ¿Acaso espera otra cosa el ministro presidente Zaldívar? Dice el Presidente que la permanencia por dos años más de Zaldívar obedece a que es el único que puede llevar a cabo la reforma por ser un hombre íntegro y honesto, en comparación con el resto de los ministros que son incapaces y corruptos, y están más abocados al derecho que a la impartición de justicia. Él, dice, garantiza que no haya corrupción y nepotismo, que los jueces no estén al servicio de potentados ni de la delincuencia organizada ni de la de cuello blanco, sino al servicio del pueblo, que haya defensores de oficio para el que no pueda pagar un abogado. El periodo de Zaldívar concluye en 2022, empero su labor como ministro no, esta continúa, por tanto cabe preguntar: ¿Está dispuesto a pagar el alto precio del desprestigio que conlleva seguir en el cargo y a poner en entredicho la autonomía e independencia de la Suprema Corte por complacer al Presidente? Este tema, hay que decir, ha sembrado la idea de que el meollo del asunto está en la aspiración reeleccionista del actual jefe del Poder Ejecutivo.