Imagen: la politicaonline.com

La Jornada, a través de su reportera Claudia Herrera Beltrán, continúa con su análisis sobre la situación que impera en los partidos políticos mexicanos de cara al proceso electoral que se inicia el próximo viernes 8 de septiembre:
En México existe un descontento con los partidos políticos tradicionales, incluso mayor que en otros países, pero no hay indicios de que en 2018 haya una crisis terminal que derive en la aparición de personajes surgidos de fuera del sistema, como se ha visto en Ecuador o en Bolivia.
Así lo plantea Juan Cruz Olmeda, académico de El Colegio de México con doctorado en ciencia política en la Universidad Northwestern y estudioso de la política en la región.
Es como una crisis que se ha desarrollado de manera lenta y que ha generado cambios parciales. El tema de las candidaturas independientes ha surgido como una suerte de respuesta de los partidos a esa situación y como resultado de las presiones de los sectores de la sociedad civil, pero salvo casos marginales no ha puesto en duda el rol central que siguen teniendo los partidos tradicionales.
El caso del gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, es extraño, porque si bien ganó como candidato independiente, antes era del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y en el plano nacional, Andrés Manuel López Obrador, la figura que sostiene un discurso en contra del sistema, para competir formó un partido y toda su vida política la hizo militando en fuerzas tradicionales, apunta.
Alguien con visión medio conspirativa podría plantear inclusive que este tipo de candidaturas independientes han servido como una válvula de escape para sostener el sistema, añade.
Reflejo de la crisis de las fuerzas políticas tradicionales es que si bien son centralizados y casi monolíticos hay importantes diferencias internas, que pueden llevar a rompimientos.
Tenemos al Partido de la Revolución Democrática (PRD) con un conflicto respecto de la posibilidad de formar o no coalición con Acción Nacional (PAN), mientras en ese partido también tenemos enfrentamientos entre su presidente y otros actores relevantes. Y en Morena, que parecía una fuerza nueva, muy centralizada y jerarquizada vemos problemas internos por la definición de las candidaturas.
Y estos conflictos, según este académico del Centro de Estudios Internacionales del Colmex, obedecen a que las decisiones están centralizadas y que la ciudadanía no ha logrado construir canales para poder influir en quiénes son los candidatos.
Desde su perspectiva, el sistema de partidos en el país ha tenido transformaciones importantes, porque hemos pasado del dominio de tres a otro muy fragmentado, donde los pequeños juegan un rol relevante y por tanto, las alianzas se vuelven indispensables.
Este escenario genera varias paradojas: las alianzas son necesarias pero tienen efectos negativos, porque contribuyen a que crezca la desconfianza de los votantes. En muchos casos se desdibujan las diferencias que debería haber entre las fuerzas políticas en términos ideológicos.
Esta fragmentación le ha convenido al PRI que, apelando a su voto duro, al clientelismo y a la operación política de la maquinaría el día de la elección puede obtener esa cantidad mínima de votos que le puede hacer ganar la elección presidencial.