La escisión panista derivada del arribo de Ernesto Cordero a la presidencia del Senado, terminará por dañar la imagen y capacidad de control de Ricardo Anaya.
La maniobra realizada para boicotear la instalación de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, en un abierto chantaje, mostró a la colectividad un rostro del PAN que no se había hecho presente con anterioridad.
A los ojos de la ciudadanía el PAN quedó fracturado y exhibió su lado oscuro.
El binomio PRI-PAN que tanto ha criticado Andrés Manuel López Obrador, vivió una separación aparente con lo que crecen las expectativas de que el Frente amplio impulsado por Ricardo Anaya y Alejandra Barrales avance, pero mermado por los movimientos al interior de cada organización política.
El fuego amigo y los caballos de Troya se hacen presentes y causan estragos.
En esa tesitura, Margarita Zavala aprovechó la ocasión para sugerir abiertamente la conveniencia de que Ricardo Anaya se separe de la dirigencia del Partido, con lo que se vendrían abajo las posibilidades de que fuera nominado como candidato presidencial y se incrementarían las expectativas para la esposa del ex presidente Calderón.
En tanto, al interior del PAN tratan de controlar los daños colaterales, ante expresiones que demandan la expulsión de los militantes que han sido tildados de traidores.
La situación derivó en una reunión de la Comisión Permanente del PAN en la que Ricardo Anaya tendrá que definir la ruta a seguir, a escasos cuatro días de que inicie formalmente el proceso electoral 2018.
De cualquier forma, no se aprecia en el horizonte una solución favorable para Ricardo Anaya quien, en caso de optar por hacerse de la candidatura presidencial, llegará antecedido por señalamientos por abuso del uso de los tiempos oficiales del partido, el enriquecimiento familiar, y la escisión del partido.
Culpable o inocente, Ricardo Anaya es víctima de la añeja conseja: critica, calumnia que algo queda.
Frente a este horizonte, de manera inevitable el escenario de una batalla directa entre Morena y PRI, por la Presidencia de la República, parece inevitable. PAN, PRD, PT, Nueva Alianza, Verde Ecologista y Movimiento Ciudadano, no pintarían como contendientes con verdaderas expectativas de triunfo.
Las alianzas y frentes, solo les servirán para tratar de sobrevivir por la vía de la conservación del registro.
Aunque en un segundo frente, la batalla por la supremacía y el control del Legislativo no tendrá desperdicio alguno. No hay que olvidar que, desde ahí, durante doce años, el priismo ejerció una suerte de cogobierno que le rindió frutos y un Congreso controlado por la izquierda sería más que riesgoso para el proyecto tricolor.