Los infiltrados comenzaron a salir. Fuera caretas. El PRD comenzó a quedarse sin los lopezobradoristas.
Llegó el tiempo de desfondar al PRD y dejarlo atrás. Dejó de ser políticamente útil y rentable, por ello mutan de piel.
Dejó de ser útil como refugio para los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que se congregaron en derredor suyo, a la espera de participar de manera abierta en la campaña con la que esperan desplazar al PRI de la Presidencia de la República.
El tabasqueño lo ha adelantado, la tercera debe ser la vencida. No habrá una cuarta o quinta postulación.
Está plenamente convencido de que, con su propio partido, Morena, tiene el triunfo garantizado.
Por ello, seguidores como Dolores Padierna y René Bejarano renuncian abiertamente al PRD para sumarse al proyecto político de Andrés Manuel López Obrador.
A la par, todos aquellos que se identifiquen con el trabajo político de López Obrador dejarán las filas del sol azteca y mermarán la capacidad de conformar la alianza con el panismo.
Y, por supuesto, fortalecerán no sólo las posibilidades de que López Obrador tenga un desempeño decoroso en la contienda presidencial, sino también la factibilidad de que la abanderada de Morena gane la elección en la Ciudad de México, con lo que abiertamente desplazarían al partido del sol azteca de la tercera posición como instituto político nacional, amén de incrementar potencialmente las expectativas de contar con un mayor número de representantes populares en la siguiente legislatura.
Sin lugar a dudas, los lopezobradoristas engrosarán las filas de Morena, pero no sólo saldrán del PRD también lo harán del PT y otros institutos políticos en los que han permanecido estratégicamente, a la espera del momento oportuno para mostrar su verdadera identificación.
Esa es la naturaleza de nuestros políticos, sin importar su signo o militancia, la mutación o trásfuga de acuerdo a sus intereses particulares, los carecteriza.
En este momento, es más que conveniente recordar ese refrán que dice: Por sus obras los conocereis.
Por desgracia, la identificación, afinidad y fidelidad a los principios, parece que no es algo que identifique a nuestra clase política cuyos integrantes se mueven por la inercia que apunta hacia la conveniencia personal, antes que a la defensa de los temas que conforman la agenda ciudadana.