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David Brooks. Corresponsal de La Jornada. Las diferentes vertientes de la derecha electoral –poniendo de lado la ultraderecha militante–, tanto el populismo nacionalista, cuya figura más poderosa por ahora es el estratega político de Trump, Steve Bannon, quien fue despedido el pasado viernes como parte de la intensa disputa interna entre las diversas corrientes derechistas en la Casa Blanca, así como una vertiente libertaria más tradicional que se expresa en el llamado movimiento Tea Party, tienen algo en común: detrás de estos movimientos, hay siempre multimillonarios.
Pero el epicentro de la derecha radical estadunidense contemporánea no se llama Trump, sino Koch. Los multimillonarios hermanos David y Charles Koch, dueños de Koch Industries, grupo dedicado al sector energético y uno de los conglomerados que más contaminan en el país, encabezan la red más formidable de agrupaciones electorales, tanques pensantes (thinktanks), programas universitarios y medios que este paísjamás ha visto. Pero no apoyaron a Trump.
Son la fuerza oscura, aunque no oculta, detrás de lo que se llama la revolución conservadora, en donde conservadores libertarios –neoliberales puros– han logrado tomar control del Congreso federal y la mayoría de las gubernaturas en los pasados 30 años.
Son quienes nutrieron y financiaron, y finalmente controlan, lo que se presenta como un movimiento de masas, el llamado Tea Party, que ha logrado consolidar un giro político desde la escala local a la cúpulapolítica nacional. Personajes como el senador y ex precandidato presidencial Ted Cruz y el presidente de la cámara baja, Paul Ryan, fueron llevados al poder por este movimiento, entre cientos más.
El Tea Party, por cierto, fue un triunfo personal de los Koch, al lograr que su agenda política privada se convirtiera y canalizara en un movimiento popular de base.
Vale subrayar que el vicepresidente, Mike Pence, debe su carrera política en gran medida a los Koch, y algunos consideran que en parte está en la Casa Blanca como concesión necesaria del equipo de Trump al poder de estos multimillonarios.
Si uno entra al Museo Metropolitano de Nueva York, tiene que pasar por la plaza David Koch (donó 10 millones de dólares); si desea asistir al teatro en Lincoln Center, una de las salas lleva su nombre (100 millones fue lo que donó). Si va a ver los famosos dinosaurios en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, esa sala también lleva su nombre (a cambio de 20 millones de dólares). Pero detrás de esa imagen de patrones de la cultura, están los hermanos Koch que han logrado comprar una buena parte de la democracia estadunidense (junto con otros multimillonarios de este país).
Los multimillonarios Koch desarrollaron su sofisticada estrategia durante las décadas recientes y la empezaron a implementar a principios de los años 80 –justo a la par del surgimiento de Ronald Reagan. Han acumulado una fortuna personal de 14 mil millones cada uno (en 2009) convirtiéndose en el sexto y séptimo hombres más ricos del mundo (en su fortuna combinada sólo los dejan atrás Bill Gates y Warren Buffett como los hombres más ricos de Estados Unidos), y la han usado para combatir toda regulación empresarial, laboral y ambiental, debilitar, si no destruir, a sindicatos, entre otras cosas, al impulsar leyes y colocar a políticos en todos los niveles de poder en este país.
Los Koch encabezan una red, según un cálculo, de alrededor de 700 ricos que influyen en el proceso político estadunidense. Sin embargo, por primera vez decidieron mantenerse al margen de la elección presidencial y no ocultaron su desprecio por Trump. Pero invirtieron decenas de millones de dólares para asegurar que los republicanos, sus republicanos, mantuvieran el control en ambas cámaras del Congreso, así como ampliar el control de sus aliados en los gobiernos estatales.
Un vocero de la red Koch comentó: queremos maximizar el número de senadores orientados a la libertad. Se había divulgado que el presupuesto original de la red encabezada por los Koch para este ciclo electoral era de 889 millones de dólares, pero al parecer fue más modesto, ya que se rehusaron a aportar a la contienda presidencial. La red anunció que tenía la intención de invertir más de 42 millones en ese afán.