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David Brooks, corresponsal de La Jornada, reseñó este lunes, cómo la ultraderecha en los Estados Unidos gana terreno, con el apoyo del presidente Donald Trump:
Charlottesville es sólo la expresión más reciente de algunas corrientes de la ultraderecha que han existido en Estados Unidos a lo largo de su historia. Vale recordar que el KuKluxKlan (KKK) fue fundado en 1866, y que en los años 20 del siglo pasado convocaba a decenas de miles a actos, incluso una manifestación masiva en la capital. O que en la década de los 30, decenas de miles participaban en actos pro nazis en ciudades como Nueva York.
Pero nunca antes –por lo menos en generaciones– un presidente ha justificado pública y explícitamente el mensaje de odio racista y antisemita de agrupaciones extremistas, algunas con antecedentes de actos de terror. Esvásticas, consignas nazis, antorchas y símbolos supremacistas blancos se exhibieron en marchas por una ciudad estadunidense, con el presidente Donald Trump afirmando que entre ellos había algunas finas personas con demandas legítimas.
Durante los días recientes, las expresiones del presidente detonaron una respuesta de reprobación casi universal, colocando a Trump tal vez en su peor crisis política desde que ingresó a la Casa Blanca. Pero también reveló algunas de las diversas corrientes de lo que se llama la derecha en este país. Aunque las expresiones más extremas son las más dramáticas, otras menos visibles son mucho más poderosas, y todas estas de alguna manera están ligadas al fenómeno Trump.
Con el triunfo de Donald Trump, la derecha tomó por asalto la democracia de Estados Unidos. Con ello, Estados Unidos es ahora el paísmás peligroso del mundo, afirma Noam Chomsky.
Aunque no hay precedente de que un populista con tintes neofascistas haya ocupado la Casa Blanca, junto con un elenco de asesores y secretarios que provienen de algunos de los sectores más extremos de la cúpulapolítica. El triunfo tomó por sorpresa al mundo –pocos lo habían pronosticado, pero el surgimiento de un populista de derecha no vino de la nada, sino de movimientos y multimillonarios derechistas con larga trayectoria dentro de este país que se autoproclama faro de la democracia.
Al conseguir la presidencia, la derecha populista nacionalista ha logrado su mayor triunfo en la historia de este país. Pero la derecha nacionalista, tradicional, y la corriente ultraconservadora del Tea Party, entre otras, no son lo mismo sino sólo una expresión del mosaico derechista en el país que se considera el último superpoder, donde conviven multimillonarios, analistas, políticos, comentaristas, académicos derechistas, un amplio sector de la clase obrera blanca abandonada y agrupaciones extremistas armadas. Algunos comparten raíceshistóricas con el fascismo de la primera parte del siglo XX, otros son expresiones muy recientes, no necesariamente aliados, aunque en ocasiones colaboran.
Eso se ha manifestado desde los primeros días del nuevo gobierno, donde a pesar de que el Partido Republicano, bajo mando conservador, controla el Ejecutivo y el Legislativo (y, con la incorporación del Neil Gorsuch a la Suprema Corte, ahora toma control del Judicial), no hay consenso sobre políticas y más bien se han manifestado intensos conflictos tanto dentro la Casa Blanca (entre los llamados nacionalistas contra los globalistas), y entre el Ejecutivo y la dirigencia legislativa.

 

 

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