Imagen: el anden.mx

Las luchas internas por las candidaturas y el ejercicio del poder, parecen un punto en el que confluyen morenistas y perredistas.
Los defensores de la democracia y la alternancia en el poder, se exhiben mediante sus pugnas.
Las disciplina y cordura, aparecen como un elemento inexistente frente a las ambiciones y los proyectos individuales.
El caso de Ricardo Monreal, es el ejemplo más reciente. Se niega a aceptar su derrota y en una abierta actitud chantajista declara que otros partidos se le han acercado para ofrecerle nominarlo, al tiempo que al más clásico estilo lopezobradorista, le brinda a Morena la alternativa de repetir el ejercicio, en un escenario en donde espera verse favorecido.
Monreal aceptó entrar a un proceso bajo reglas conocidas y establecidas, en un ejercicio poco claro para la ciudadanía, pero válido para Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores.
En consecuencia, podría concluirse que no habría motivo de queja, por lo que su rebeldía lejos de contribuir a fortalecer al movimiento, lo exhibe y descalifica de cara a la sociedad.
Es evidente que el de Ricardo Monreal, no es un caso aislado en nuestro sistema político.
En el pasado reciente más de un aspirante, de diversos partidos, ha expresado su inconformidad al participar en un proceso interno de selección y no ser ungido con la anhelada candidatura.
Lo que verdaderamente llama la atención en este caso, es el como dirigente partidista y cabeza del movimiento, Andrés Manuel López Obrador no haya salido, hasta el momento a establecer orden o a emitir un pronunciamiento definitorio.
El tabasqueño se ha mantenido al margen, quizá sabedor de que su participación en el diferendo podría complicar el tema y derivar en una fragmentación de Morena que podría poner en riesgo los potenciales votos en la capital del país, en la elección presidencial.
No es poco lo que está en juego, los votos de la ciudad de México son fundamentales para ganar la presidencia de la República y por supuesto, si se presenta un movimiento fragmentado, será más complicado arrebatarle al PRD la plaza que ostenta desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal.
La rebeldía de Monreal representa una complicación no calculada en el sendero lopezobradorista que conduce a la elección presidencial.

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