Andrés Manuel López Obrador no pierde tiempo ni oportunidad para dar rienda suelta a su actitud proselitista.
Durante una reunión con legisladores de Morena y el Partido del Trabajo, denunció que la mafia del poder prepara una nueva guerra sucia, en lo que constituye una reedición de su rol de victimización, en busca de ampliar el número de sus seguidores.
Y ante las críticas vertidas por su inminente e innegable nueva postulación a la Presidencia de la República, advierte que no será candidato eternamente, en lo que debería interpretarse como una claudicación, pero que más bien es un abierto mensaje a  la ciudadanía y sus simpatizantes para que en esta ocasión hagan lo necesario para concretar su llegada al Ejecutivo Federal, en lo que podría ser su última participación.
Y para reforzar ese sentido de corte chantajista, refirió que el resultado de la elección presidencial dependerá de “una decisión soberana del pueblo. Vamos a aplicarnos a fondo para aplicar un cambio, pero la gente va a decidir qué quiere. Si no quiere el pueblo, vamos a quedar satisfechos por haber hecho todo de nuestra parte”.
El tabasqueño se ha instalado en su discurso lograr la transformación del país, acabar con la corrupción y la mafia del poder, esbozando lo que podría considerarse como escenarios ideales para el grueso de la colectividad, pero sin explicar la forma en que concretará su proyecto de nación.
A escasos 18 días de que inicie el proceso electoral 2018, como el único candidato seguro hasta el momento, López Obrador se placea gustoso, a la espera de que sus principales adversarios PRI, PAN y PRD elijan a quienes se convertirán en sus contrincantes, para enfocar en ellos su discurso descalificador.

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