Imagen: Ultravision

El mensaje de Donald Trump es claro, por más que personajes como Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo insistan en matizarlo.
Si la renegociación del Tratado de Libre Comercio no cumple con las expectativas del mandatario estadounidense, lo dará por cancelado.
No hay más. Los cabildeos realizados lo mismo en la primera ronda, que en las venideras, no cuentan.
La permanencia de Estados Unidos en el Tratado con México y Canadá está sujeta a una decisión personal, tal y como sucedió con el acuerdo de París.
La actitud proteccionista de Donald Trump prevalecerá como un sello de su administración.
No hay el menor margen de interpretación, desde el principio el mandatario estadounidense advirtió que los otros países, en concreto México han sacado ventaja del Tratado.
Posición que remarcó, el martes al señalar: “Personalmente creo que no podremos llegar a un acuerdo porque ambos países han tomado tanta ventaja, especialmente México, que creo que probablemente daremos por terminado el TLCAN en algún momento, pero yo dije desde el principio que o renegociábamos el TLCAN o nos vamos. Veremos qué pasa. Ustedes están en buenas manos”.
Exhibió una vez más su juego, de manera abierta, por lo que resulta absurdo que el canciller establezca que se trata de un negociador y México debe seguir adelante con las negociaciones.
Los argumentos del financiero mutado en diplomático, parecen más basados en la búsqueda de infundir calma en los mercados que en un escenario real.
Decir que las advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que podría abandonar el TLCAN con México y Canadá son una estrategia de negociación o que Trump está negociando con su muy particular estilo, se ubican en ese plano.
Evidentemente la cancelación del mercado afectaría el comercio entre México y Estados Unidos, por lo que convendría ser más mesurados y adoptar una actitud sería frente al gran desafío que representa pugnar por la estabilidad económica del país, a lo largo de la gestión de Donald Trump, los mercados ya han dado muestra de la forma en que reaccionan los dueños del capital sobre todo el golondrino, que se ubica en bolsas y casas de cambio, ante los tuits y determinaciones del inquilino de la Casa Blanca.
Evidentemente no se trata de ser totalmente condescendientes con su postura, pero si de valorar con la seriedad del caso las eventuales consecuencias de una decisión equivocada.
En este momento, todos aquellos que en pasado pugnaron por la diversificación de mercado hacia otras latitudes como Asia, deben estar de plácemes.

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