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No es novedad, ni se trata de un hecho fortuito. Los partidos políticos buscan el control tanto del Senado como de la Cámara de Diputados para desde esa posición ejercer una suerte cogobierno, que contribuya a sus intereses.
Si bien es cierto que el que viene es el último año de la administración del ciudadano presidente, también lo es que la disputa por dar respuesta al mensaje que solían emitir los titulares del poder Ejecutivo, en esa fecha, al presentar el informe sobre el estado que guarda la administración pública es cosa del pasado.
En la actualidad erigirse como presidente del Senado o de la Cámara de Diputados, otorga al partido político en turno poder para maniobrar a su antojo, en la definición de la agenda legislativa, a la par de acceso a recursos económicos y prebendas, así como a una proyección mediática.
Ese es el trasfondo de la disputa que, en los últimos días, como cada año ha confrontado a PRI, PAN y PRD, en el Legislativo a través de sus coordinadores.
La eterna disputa por el poder que, entre otros factores, se ha reflejado como sucederá en los meses por venir en una verdadera rebatinga por la asignación de los recursos y la conformación del denominado paquete económico.
En consecuencia, los enfrentamientos y disputas verbales por el control del Poder Legislativo, no representan más allá de una confrontación el ejercicio del poder y los recursos.
Ese es un reflejo de la era de nuestro sistema político moderno, en el que la hegemonía y el control absoluto en los poderes es cosa del pasado, al menos por el momento tanto en la Cámara de Diputados y el Senado, en las que ningún partido cuenta con la posibilidad de sacar adelante por si solo, casi casi, cualquier tipo de iniciativa.
El impasse de tregua que se vivió al inició de la administración con el pacto de México terminó y se avecina la pugna por lo que antaño se denominó el año de Hidalgo.