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David Brooks, corresponsal de La Jornada. Noam Chomsky explica que Trump es resultado de un giro a la derecha de los dos partidos políticoshegemónicos “durante el periodo neoliberal (…) desde Reagan (…) el cual ha sido un periodo de estancamiento y declive para gran parte de la población en muchas maneras –salarios, beneficios, seguridad–, mientras se ha concentrado enorme riqueza en una fracción pequeña de la población, en gran medida instituciones financieras (…) Tiene mayor concentración de riqueza, concentración de poder político y legislación para incrementar la concentración de riqueza y poder”, dijo en entrevista con Amy Goodman, de DemocracyNow. Señaló que comentaristas conservadores han caracterizado a Trump como parte de una “insurgencia radical que ha abandonado la política parlamentaria –algo que ni siquiera esconden– y en los hechos el Partido Republicano de hoy califica como candidato a la organizaciónmás peligrosa en la historia humana”.
A la vez, la estrategia electoral derechista de los años recientes ha contribuido a nutrir el racismo, la xenofobia, el temor, así como cultivar el clima antimigrante y atacar incluso a la ciencia con una ofensiva religiosa y política a todos los niveles.
La estrategia se implementó desde la escala local hasta la nacional, ayudado por medios masivos, sobre todo el talk radio derechista y de manera notable el poderoso aparato mediático de Rupert Murdoch (Fox News, Wall Street Journal, New York Post, etcétera).
La cosecha de estas políticas se ha expresado en crímenes de odio, atentados terroristas de derecha, así como el surgimiento de todo tipo de políticos extremistas y movimientos manipulados, como el Tea Party. La cúpulapolítica y económica del país ha logrado en gran medida controlar estas expresiones, hasta ahora. Robert Kagan, reconocido analista en Brookings Institution, acusó que Trump es creación del Partido Republicano, su monstruo, su Frankenstein, revivió por el partido, alimentado por el partido y ahora suficientemente fuerte como para destruir a su creador.
El año pasado, durante la etapa inicial de las campañas electorales, Kagan, en un artículo en el Washington Post, describió el fenómeno de Trump: al desatar resentimiento, ira y frustración nutridas por el Partido Republicano a través de la ola de opiniónantimigrante y antiminorías, para elevar a un tirano al poder sobre los hombros del pueblo. Agrega: “Este fenómeno ha surgido en otros paísesdemocráticos o cuasi-democráticos a lo largo del siglo pasado, y generalmente se ha llamado ‘fascismo’”.
Concluye: “así es como llega el fascismo a América, no con botas y saludos a brazo alzado (…) sino con un charlatán de televisión, un multimillonario falso, un ególatra de texto que se ‘se enchufa’ a los resentimientos e inseguridades populares, y con un partido político nacional –por ambición y lealtad partidaria ciega, o simplemente por temor– que se forma detrás de él”.
Tal vez lo más notable es que gente del establishment, como Kaplan y toda una gama que va desde conservadores a progresistas han usado la palabra f para describirlo. El ex gobernador republicano de Massachusetts William Weld denunció que el plan de deportación masiva de inmigrantes es equivalente a la Kristallnacht de Alemania en 1938 (operación de los nazis para romper las vidrieras de los negocios de judíos y vejar a sus propietarios para infundir terror). El actor George Clooney declaró que Trump es un fascista xenófobo y familiares de judíosvíctimas de Hitler han expresado su horror al comparar este fenómeno en Estados Unidos con lo que sufrieron en Europa.