Alejandro Villegas
Con las campañas iniciadas en todos los estados donde se renovará la gubernatura, el ciudadano presidente está obligado a observar las limitantes que impone la ley que juró cumplir y no el INE.
Sus expresiones verbales, deben alejarse de la arena electoral, por más que insista en que le asiste el derecho de denunciar aquello que considere inadecuado.
En pocas palabras debiera dejar de lado su pregón propagandístico, para dejar que los contendientes por un cargo de elección popular ocupen el escenario principal.
Ante todo, debe reconocer que la conducción de la contienda está fuera de su esfera de competencia y, consecuentemente, corresponde al INE en primera instancia y posteriormente al TEPJF, así como a sus similares en el plano estatal la sanción y validación del proceso, según sea el caso.
Pero, fiel a su costumbre y convicciones personales, el ciudadano presidente no se comportará a la altura, se victimizará y a la menor oportunidad enarbolará la bandera de su movimiento, para conminar al pueblo bueno a sufragar a favor de sus candidatos.
No hay nada nuevo bajo el sol, simple y sencillamente, en uso del poder que ganó en las urnas en 2018, el hoy ciudadano presidente juega de acuerdo a su particular interpretación de las reglas.
Y, llegado el momento, en una de esas recoge el balón y se lo lleva a su casa.
El escenario que se prevé al momento, establece que aunque no logrará el carro completo, el ciudadano presidente no cesará en su intento primordialmente de mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, y dado el caso ganar la mayoría de las gubernaturas en juego.
A fin de cuentas, el ejercicio del poder está en el fondo del escenario, como uno de los actores principales.
El ciudadano presidente es el primer morenista del país y su desempeño, replica fielmente el comportamiento de los mandatarios emanados de la época dorada del priismo.
Montaje
La teoría del montaje a que hizo alusión el ciudadano presidente en torno a una de las denuncias relacionadas con la aplicación de la vacuna contra COVID-19, a adultos mayores, al momento, queda sólo como una expresión verbal, así como su reclamo por la amplía difusión que alcanzó.
Evidentemente las denuncias son pocas, pero así fuera una sola, debe ser esclarecida a fondo y ser objeto de una amplía explicación.
Negar los hechos y escudarse en la teoría del complot, son recursos poco efectivos, ante la contundencia de la evidencia.