Alejandro Villegas

El ciudadano presidente lejos de coordinarse con el árbitro electoral, lo rebasa por la derecha y busca, de nueva cuenta, proyectarse como el gran decididor, al presentar un plan de protección a candidatos, en un escenario que busca blindar el proceso electoral.

El propósito si bien se antoja adecuado y harto pertinente, además de necesario, invade sin duda la esfera de competencia no sólo del INE, sino también de la Fiscalía Electoral, instancias que tienen una evidente injerencia sobre el tema.

Evitar por una parte que recursos de procedencia ilícita o bien el crimen organizado tengan injerencia en las campañas, amén de evitar que candidatos de cualquier nivel sean agredidos, intimidados o asesinados, es imperativo.

Pero ante todo debe haber además de orden, coordinación y no, como en este caso que parezca que el ciudadano presidente se salta las trancas para actuar en solitario, dejando de lado el rol que sobre el particular corresponde al INE y sus consejeros.

Ya sólo falta que, como niño malcriado, el ciudadano presidente recoja el balón y se lo lleve a su casa, dando por terminado el partido.

Lejos de colocarse en la barrera para ver el desarrollo del proceso electoral, el ciudadano presidente persiste en ser uno de los principales actores, atrayendo hacía sí todos los reflectores posibles.

Reacciones

No hay novedad, al igual que sucedió en el caso de la nueva terminal aérea, el ciudadano presidente ignora las voces que le advierten sobre reacciones adversas por la recién aprobada reforma en materia de electricidad.

Las expresiones principalmente de los empresarios que advierten de un incremento en sus costos que tendrán que trasladar a los consumidores, son ignoradas.

Ya no se diga de quienes esgrimen argumentos sobre conflictos por incumplimiento de acuerdo internacionales.

Dicen que cada quien escucha lo que quiere, y en este caso, el ciudadano presidente no quiere escuchar nada que no sean loas a su desempeño.