Alejandro Villegas
Contrario a su postura crítica, en el caso de Félix Salgado Macedonio, el ciudadano presidente dice mantenerse al margen, pero pide confiar en el pueblo bueno. Con lo que asume una posición de defensa a ultranza.
Es decir, respalda, sin decirlo abiertamente la candidatura de Salgado Macedonio, dejando de lado la aplicación de la justicia y las demandas de investigación a fondo que le caracterizaron en sus tiempos de oposición, ante casi cualquier caso de denuncia social.
Argumenta que se trata de una campaña conservadora y de medios afines a los conservadores, en contra del candidato de Morena, ignorando las manifestaciones de grupos feministas, así como las denuncias de las presuntas victimas, al amparo de que se trata de acciones propias de tiempos electorales.
Resulta más que evidente el juarismo abierto del ciudadano presidente, al aplicar a raja tabla aquella conseja que establece que a los amigos se debe aplicar justicia y gracia, en tanto que a los enemigos, la ley a secas, así de simple.
Aunque la nominación de Salgado Macedonio se aprecie como una acción políticamente incorrecta, que sienta un precedente pernicioso, lo importante es que cuenta con el aval del ciudadano presidente y, por tanto, su plumaje puede cruzar el pantano sin mancharse.
Cosas de la vida y del ejercicio del poder, que llevan a apreciar la realidad de manera diferente, no es lo mismo ser oposición que estar en el poder.
Vacuna
La posición de México en pro de una distribución equitativa de la vacuna contra el COVID-19, es un lugar común que busca justificar el hecho de que el país cuente con pocas dosis por el momento.
La realidad es que por más cuentas que se hagan y exhiban con vehemencia, México no cuenta con las vacunas necesarias para vacunar a toda la población en el corto plazo.
Y al paso que vamos, por más gratuita que sea, la vacuna está lejos de llegar a toda la ciudadanía, contrario al pregón incesante del ciudadano presidente y su séquito.