Alejandro Villegas

El comportamiento reciente del ciudadano presidente y el hasta hoy inquilino de la Casa Blanca es similar. Ambos llaman al pueblo en su defensa y se dicen víctimas de la censura de las redes sociales, impuesta por sus propietarios.

Y lo mas parecido es la pretensión de crear una red social local, para dar rienda suelta a su proselitismo.

Sin duda, ambos se creen dueños absolutos de balón y no están dispuestos a permitir el juego limpio.

Ambos quieren plantear sus ideas y esgrimir sus argumentos sin cuestionamiento alguno, como si fueran poseedores de la verdad absoluta.

Ojalá que esas pequeñas similitudes, por el bien de la patria, no se reflejen en el mediano plazo en una confrontación abierta con el Poder Legislativo, y en extremo en la culminación -dentro de poco más de tres años- de un sexenio en medio de severos cuestionamientos, equiparables a los que hoy enfrenta el mandatario estadounidense a escasos seis días del fin de su gestión.

¿La duda que puede surgir ante este escenario, es quién busca asemejarse a quién? De entrada, Donald Trump, aparece como el original y el ciudadano presidente como quien copió el escenario, para tropicalizarlo.

Claridad

El ciudadano presidente y su séquito ya no saben como cacarear el huevo, en el rubro de la aplicación de la vacuna contra COVID-19, para ganar el respaldo del respetable.

Ya se había dicho hasta el cansancio que la aplicación de la vacuna será universal y gratuita, y primero se aplicará al personal médico que este en lo que se ha dado en llamar, la primera línea de batalla, sin hacer diferenciación entre públicos y privados.

Sin embargo, la imprecisión y la falta de claridad, dejó abierto el espacio para la protesta por parte del personal médico del sector privado, lo que sirvió de pauta para que ahora el ciudadano presidente haga alarde de apertura, al subrayar que en la aplicación de la vacuna están incluido el personal de los hospitales privados.