Alejandro Villegas

El ciudadano presidente confunde la aplicación de la ley en materia electoral, con el establecimiento de censura, con el propósito de dar continuidad a su proselitismo, desde las mañaneras, en un afán de enredar la realidad a su favor.

Y con ello deja atrás aquella promesa de que nadie estaría por encima de la ley.

Busca pasar por encima de los ordenamientos legales, para evitar que haya un piso parejo en la arena de la propaganda política.

Se lanza contra el árbitro electoral, cuyo único pecado es aplicar la norma. El ciudadano consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova fue claro al señalar que las mañaneras pueden seguir impartiéndose, pero en aquellas entidades en las que habrá elecciones no deben transmitirse manera íntegra, en acato a los parámetros establecidos.

En consecuencia, hasta donde se aprecia, el ciudadano presidente busca pasar sobre la norma. Se dice agraviado y dispuesto a acudir a los tribunales, y tiene todo el derecho de hacerlo, pero no debe de perder de vista la objetividad y el deber que tiene de cumplir con la promesa de que nadie puede estar por encima de la ley.

El ciudadano presidente trata de consolidar su posición como el gran determinador del rumbo nacional, como en los mejores tiempos del priismo en los que el titular del Ejecutivo contaba con un amplísimo poder de decisión.

Si quiere que cambie el panorama, que el ciudadano presidente promueve al cambio de la norma, pero por el momento que acate la ley.

Vacunas

Con el arribo de más de 400 mil vacunas contra el COVID-19, el ciudadano canciller señala abiertamente que se cumplió la misión presidencial, como si con ello la pandemia se superara.

Es claro que aún hay mucho tramo por recorrer, primordialmente que se comience a inmunizar al grueso de la población y se informe con claridad del avance, que se traduzca en una verdadera protección para la población.

De ahí en fuera, señalamientos como los del ciudadano canciller salen sobrando y no pueden ser motivo de celebración.

Somos más de 130 millones de mexicanos y ante ese volumen, el número de vacunas que han llegado al país y el ritmo de aplicación, palidecen.