Alejandro Villegas

El ciudadano presidente de nueva cuenta azuza el pueblo bueno, en contra de las instituciones, de manera abierta, sin el menor recato. Lejos de bajar la guardia, arremete contra el INE, con mayor fuerza.

Con la serenidad que le caracteriza, presenta sus pretendidos argumentos de defensa y victimización, como si fuera presa del sistema, quizá porque añora sus años como opositor.

No recapacita, y se aduce como victima. Más allá de dirigir en contra del árbitro electoral toda la fuerza del estado, llama al pueblo bueno a defenderlo, dejando de lado su obligación, aquella que juramentó al igual que sus antecesores, de cumplir y hacer cumplir la Constitución nacional y las leyes que de ella emanen.

En México impera la democracia, aunada a un amplio número de libertades. En base a ellas, el ciudadano presidente trata de confundir a la sociedad de manera burda, en lo que debe interpretarse como un ejercicio indebido de sus funciones.

Nadie lo ha censurado, porque como bien advirtió desde el inicio de su gestión, hace uso abierto de su derecho de réplica, pero pretender pasar por encima de la ley, va más allá de lo políticamente correcto.

Se trata simple y sencillamente de acatar las normas.

El ciudadano presidente se confunde no es el centro del universo, ni todo aquel que no se alinea a sus designios es su adversario. Ni debe ser objeto de un linchamiento social, incitado por quien está obligado a hacer prevalecer el estado de derecho.

Vacunación

El calendario de vacunación dado a conocer, no deja de ser impreciso.

Está plagado de generalidades, al tiempo que la confirmación de las brigadas de vacunación no deja de tener un sesgo político electoral.

Sin duda, el ciudadano presidente y su séquito están dispuestos a sacar toda la raja política que sea posible a la inoculación contra el COVID-19, aunque su aplicación esté lejos de terminar con la pandemia, por el simple hecho de que avanza lentamente y no alcanzará a cubrir a la totalidad de la población.