La cultura de México que encuentra su expresión en sitios arqueológicos, cascos históricos de ciudades y monumentos, representa un recurso que prevalecerá por siglos y el cual pone en marcha actividades legítimas como el turismo, de ahí la responsabilidad que, como su custodio, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha visto crecer con los años, sostuvo su director general, el antropólogo Diego Prieto Hernández.
Así lo manifestó al participar en la videoconferencia Antropología y turismo, como parte del webinar organizado por la operadora Pe-Tra, cuyo director Roberto Trauwitz Echeguren, también presidente del Consejo del Grupo Mexicano de Asociaciones de Agencias de Viaje y Empresas Turísticas, hizo un llamado a todos los que participan de este sector: comunidades, empresarios, viajeros y gobiernos, a involucrarse e integrar un movimiento que cuide el patrimonio biocultural del que depende.
Con 53 mil sitios arqueológicos inscritos en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, 194 de ellos acondicionados para la visita pública, el antropólogo titular del INAH refirió que es importante ubicarlos en el mapa y considerar su vínculo con rutas culturales que, a la postre, pueden ser aprovechadas por los desarrolladores turísticos y las comunidades.
Esta diversidad de zonas arqueológicas abiertas, que van desde aquellas que ostentan arquitectura monumental (175, las cuales representan el 87% de las 194) a las que cuentan con pintura mural y arte rupestre (32 y 21, respectivamente), se encuentra poco aprovechada.
De acuerdo con el antropólogo Diego Prieto, tan solo diez zonas arqueológicas, encabezadas por Teotihuacan, en el centro del país, y Chichén Itzá, en Yucatán, concentran el 80% de la visita anual a estos espacios.
La actual contingencia sanitaria debe tomarse como un momento para pensar y plantear esquemas colaborativos e interdisciplinarios, los cuales contribuyan a equilibrar la balanza del llamado “turismo cultural” de México, expresó el director general del INAH.
Al Instituto, dijo, le corresponde, en mucha medida, “alimentar y hacer sustentable” los destinos relacionados con el turismo cultural, pues no solo maneja cerca de 200 zonas arqueológicas (incluida una de carácter paleontológico: Rincón Colorado, en Coahuila), sino también la red de museos más grande México, conformada por 162 recintos tanto de rango nacional y regional, como metropolitanos y de sitio; más el universo de bienes muebles e inmuebles coloniales y del siglo XIX, el cual también entra en el ámbito de su competencia.
Sin embargo, puntualizó Diego Prieto, se trata de un patrimonio que tiene como enemigos factores naturales: desplazamiento de suelo, huracanes, granizadas, inundaciones, nevadas, sismos, tormentas eléctricas y maremotos; y antropogénicos: vandalismo, saqueo y robo, además de actividad turística descontrolada, desarrollo urbano no planificado, resguardo e intervenciones inadecuados.
“Nos importa que podamos superar las medidas que hemos tomado con toda disciplina para el cierre de zonas arqueológicas y museos, durante esta contingencia sanitaria, y así acompañar la reactivación social, cultural y económica de las poblaciones que dependen directamente de la visita a estos lugares. Por dar un ejemplo, el día a día de la ciudad de Palenque, en Chiapas, está ligado en más del 85% a los recorridos turísticos al antiguo sitio maya”, expuso.
Para abonar a esta mejora social, el INAH ha apostado a los temas de accesibilidad, turismo comunitario y difusión del patrimonio, sumándose a exitosas campañas como Contigo en la Distancia, impulsada por la Secretaría de Cultura y, desde luego, mediante el uso de las tecnologías de la información y plataformas como INAH TV en YouTube, que a la fecha cuenta con más de 3,000 videos disponibles para todo público.
Además de la gestión de instrumentos de movilidad para el recorrido en los sitios arqueológicos y los museos, vinculaciones multisectoriales y el asesoramiento para las experiencias nocturnas en Cholula, Chichén Itzá, Teotihuacan, Xochicalco, Uxmal y Edzná; actividades culturales varias e, incluso, científicas como el avistamiento de aves o la observación astronómica en espacios como La Quemada, en Zacatecas.
“Es fundamental que podamos vincular la arqueología como destino, con el turismo comunitario. Es necesario incentivar la participación de las comunidades para complementar la experiencia del recorrido en las zonas arqueológicas, sea con el conocimiento y disfrute de las artesanías y la gastronomía locales, la ritualidad y la medicina tradicional de nuestros pueblos, con el aprecio a las expresiones musicales y dancísticas,
“En ese sentido, los planes de manejo que integra el INAH y acompañan la operación de las zonas arqueológicas –11 de ellas inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO–, deben estar en consonancia con estrategias de turismo comunitario y con mecanismos de organización de las propias comunidades en su beneficio”, puntualizó Prieto Hernández.
Concluyó que el turismo de bajo impacto requiere de la alianza entre el INAH, la autoridad local y las comunidades; anclada en tres fundamentos: la conservación de estos bienes que no son renovables; la investigación, la cual permite dar sentido a lo que muchos solo ven como “ruinas”; y el desarrollo sostenible.