Foto tomada de La Jornada en línea

David Brooks, Corresponsal de La Jornada, describe cómo se conmemoró en los Estados Unidos el día de la liberación de la comunidad afronorteamericana. Los eventos tuvieron una histórica participación y cargados de encendidos ánimos contra el racismo y la violencia policial. Enseguida el excelente trabajo periodístico.
Nueva York. El movimiento de protesta contra el racismo sistémico festejó el día de liberación de los afroestadunidenses con cientos de acciones a lo largo del país: marchas en Washington –que asustaron a la Casa Blanca–, el cierre de todos los puertos de la costa oeste, haciendo presente la historia en las calles cultivando alegría dentro de la resistencia y la promesa de cambiar la historia.
En la cuarta semana de protestas, foros, mítines, marchas y actos culturales, este viernes se festejó Juneteenth (fusión de 19 y junio), que para la comunidad afroestadunidense marca el día de su liberación y recuerda el 19 de junio de 1865, cuando esclavos africanos en Texas fueron los últimos en ser informados de que eran libres, dos años y medio después de que Abraham Lincoln firmó la Proclamación de Emancipación y dos meses después de terminada la Guerra Civil poniendo fin a la esclavitud. La fecha se celebra por comunidades afroestadunidenses desde entonces.
Esta vez el aniversario –celebrado ahora por millones– se entremezcla con furia y movilización, cuando marchas por todo el país entonaron otra vez las vidas negras valen. En cientos de ciudades hubo tanto marchas como bailes y banquetes, mientras el sindicato de estibadores ILWU clausuró los 29 puertos de la costa oeste del país en solidaridad con el movimiento.
De Nueva York a Los Ángeles hubo marchas combinadas con baile colectivo, y se escuchaban nuevos himnos entremezclados con canciones de lucha y desafío político, como Fight the Power de Public Enemy y jazz de Nueva Orleans, percusión africana y blues.
A diferencia de otros años, la clase política, empresas y gran parte del establishment se vieron obligados a reconocer el Juneteenth. Varios alcaldes y empresas han promovido que el día sea feriado, y hay iniciativas de legisladores federales para hacerlo una fecha oficialmente reconocida.
El levantamiento multirracial sigue sorprendiendo a la cúpula del país y su poder, apoyado por una gran mayoría de la opinión pública, ha obligado a impensables cambios inmediatos, desde procesos judiciales a policías, quienes suelen operar con impunidad, a medidas para reducir los presupuestos policiacos y propuestas de reformas a nivel federal, hasta la remoción de símbolos y monumentos oficiales racistas por todo el país.
Pero los líderes jóvenes de este movimiento, algunos veteranos de las luchas por los derechos civiles y sus aliados, reiteraron ayer en múltiples foros que este movimiento busca mucho más que sólo más reformas y compromisos de políticos sobre la policía, sino cambios a la violencia oficial sistémica que se expresa en la desigualdad económica, los obstáculos y supresión del sufragio efectivo y también algunos incluyen en su agenda la reforma del sistema penal masivo, el respeto a los derechos de los indígenas y de los inmigrantes, hasta la defensa el medio ambiente
Tenemos que cultivar la alegría dentro de la resistencia comentó ayer Nikita Mitchell, coordinadora nacional de The Rising Majority, una de las coaliciones que forma parte del incipiente movimiento que nació con el estallido de protestas por el asesinato de otro afroestadunidense a manos de un policía blanco hace cuatro semanas.
Indicó que esa colación está trabajando con sindicatos nacionales como el de servicios, los activistas de jóvenes indocumentados de United We Dream, el Movimiento por Vidas Negras, la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas, ambientalistas y otras organizaciones más para ampliar este movimiento ahora en las calles [https://therisingmajority.com].
Mitchell señaló que el enfoque de la lucha es contra el capitalismo racial que afecta a todos los sectores de color, como también a migrantes, y que es culpable del modelo extractivista que amenaza al medio ambiente. El cambio nos requiere a todos para construir una izquierda poderosa para la democracia radical.
Ash-Lee Woodward Henderson, integrante del Movement for Black Lives [https://m4bl.org], parte del amplísimo mosaico de redes, colaciones y agrupaciones que forman parte y están definiendo este nuevo movimiento, comenta que la supremacía blanca es un problema global que afecta a todos dentro y fuera del país, y se requiere de una lucha internacional para desmantelarla. La también codirectora del histórico centro de educación y capacitación popular Highlander Center explicó que una de las demandas centrales del movimiento, desfinanciar a la policía, es parte de una estrategia a largo plazo que incluye reimaginar la seguridad pública y parte de reimaginar un nuevo mundo.
“Esta es la hora para reimaginar en lo que Estados Unidos se puede convertir si ‘nosotros, el pueblo’ significa todos nosotros. Estados Unidos necesita lo que este movimiento tiene la intención de hacer: cambiar la historia…”, escriben los reverendos William Barber y Liz Theoharis, y los intelectuales Timothy Tyson y Cornel West en un artículo en el New York Times.
Este sábado, el Movimiento de los Pobres –encabezado por Barber y Theoharis y que recupera el ultimo proyecto de Martin Luther King hace más de medio siglo– realizará una Asamblea masiva de los pobres y marcha moral ahora de manera digital por el Covid-19, para promover una reconstrucción radical de nuestra nación, donde participarán sindicatos, organizaciones de justicia social y religiosas, y artistas como Danny Glover y Jane Fonda, entre otros [https://es.poorpeoplescampaign.org].
Barber sugirió que aunque algunos desean establecer Juneteenth como día festivo federal, por qué no vamos más allá para promover el acceso a la salud y sueldos dignos para todos y pleno respeto del derecho al voto, entre otras cosas urgentes y no sólo un día feriado.
Mientras tanto, el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas ordenó un informe, el cual será preparado por la alta comisionada Michele Bachelet, sobre el racismo sistémico y abusos contra descendientes africanos con un enfoque en la violencia policiaca. La iniciativa original buscaba establecer una comisión internacional de investigación para evaluar los actos en Estados Unidos, apoyada por varios países africanos y más de 600 organizaciones de derechos humanos en decenas de países, pero Washington logró diluir el enfoque insistiendo en que se trata de un problema global.