El ciudadano presidente lo hizo. Reta a la suerte y sigue de frente, en una acción más que temeraria. En los hechos da por superada la pandemia de COVID-19 y lanza un pésimo mensaje a la sociedad, para que retome las actividades habituales.
No sólo no usa cubrebocas, sino que, con el desarrollo de sus giras de trabajo, reafirma sus prioridades.
Los proyectos emblemáticos de su administración no se detendrán o diferirán a pesar del panorama económico, por eso da el banderazo de salida a la construcción del Tren Maya, como si se tratará de la panacea para el sureste nacional ávido de desarrollo social y económico.
En lo inmediato, la inconformidad de la clase política, trata de ser aprovechada por Morena para plantear que se adelante la consulta de revocación de mandato, con el evidente propósito de sacar raja en la elección intermedia para tratar de mantener la mayoría en la Cámara de Diputados y con ello evitar que se comience a descarrilar la 4T.
No es poco lo que está en juego y el ciudadano presidente está más que consciente de ello, de ahí que haya optado por retomar sus actividades pese al nivel de contagios que prevalece en el plano nacional.
A fin de cuentas, al ciudadano presidente parece importarle más su proyecto político y su permanencia en el ejercicio del poder, que la salud de la población, que ante el ejemplo presidencial no dudará en salir a la calle y retomar sus actividades cotidianas.
Semáforo
Llegó la hora de que opere el ya célebre semáforo nacional que será como los llamados a misa, porque a fin de cuentas cada entidad, a través de sus mandatarios será la que determine que actividades se pueden realizar.
Nada más elegante que endosar responsabilidades y deslindarse de los daños, no hay duda de que la 4T tiene su manejo muy particular, sobretodo por ejemplo al modificar la conformación tradicional de un semáforo.