Imagen: Desde la fe

Roma. En su Misa en Santa Marta este martes, el Papa Francisco rezó por los médicos, enfermeras, personal sanitario y sacerdotes que cuidan a las personas enfermas por coronavirus COVID-19.
Recibí la noticia de que en estos días algunos médicos, sacerdotes, no sé si algunas enfermeras, se contagiaron, se llevaron el mal porque estaban sirviendo a los enfermos. Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos”, dijo.
En Italia, uno de los países más afectados por la epidemia, más de 2,000 médicos, enfermeros y auxiliares han contraído el virus, según datos del Instituto Superior de la Sanidad de ese país, citado por el diario El País.
Además, más de 50 sacerdotes han fallecido, muchos de ellos se dedicaron a atender las necesidades de los enfermos. Uno de ellos fue el sacerdote Giuseppe Berardelli, de Casnigo, en la diócesis italiana de Bérgamo, que es la más afectada por el coronavirus.
El padre Berardelli renunció al respirador que tenía en el hospital de Lovere para darlo a un paciente más joven que consideraba tenía más posibilidades de superar la enfermedad.
“Era un sacerdote que escuchaba a todos, sabía escuchar, quien se dirigía a él sabía que podía contar con su ayuda”, afirmó Clara Poli, que fue alcaldesa de Fiorano, Italia, en declaraciones al diario ABC.
Comentario al Evangelio
En su homilía, comentando el Evangelio de hoy (Jn 5, 1-16) en el que Jesús curó a un enfermo en una piscina de Betesdá, el Papa Francisco habló sobre un pecado que causa gran peligro: la pereza.
El hombre que leemos en la lectura del Evangelio de hoy, ¿estaba enfermo?, se preguntó el Papa.
“Sí, tal vez tenía alguna parálisis, pero parece que podía caminar un poco. Pero estaba enfermo en su corazón, estaba enfermo en su alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza. Esta es la enfermedad de este hombre: Sí, quiero vivir, pero…, se quedaba allí. En cambio, la respuesta es: ¡Sí, quiero curarme!”, dijo.

Fuente: Desde la fe

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