Los hechos se impusieron al discurso e hicieron, por fin, prevalecer la realidad ante los escenarios de un lugar de fantasía, protegido por el discurso e imágenes religiosas.
El ciudadano presidente comenzó a reconocer la gravedad de la situación, así como el impacto económico que traerá consigo, como consecuencia, la pandemia de coronavirus covid-19.
Trata de curarse en salud, sin dejar de lado el discurso de preocupación aunado a la búsqueda de protección para los más desvalidos, el pueblo bueno, que tiene que salir a diario a las calles en busca del sustento.
Evidentemente, como sociedad debemos protegernos y adaptar nuestros hábitos en busca de evitar contraer el coronavirus.
El actual es un momento histórico, en el que de nueva cuenta la visión de los escépticos siembra la duda, al igual de la de aquellos que perciben un complot de corte internacional en todo movimiento.
Pero lo que no podemos dejar de lado, son los hechos concretos, la realidad que se percibe en nuestro derredor, la situación que se vive en nuestras comunidades.
Realidad o ficción, la cuestión es que en este momento, el ciudadano presidente comenzó a preocuparse, aunque quizá lo haga más por su nivel de popularidad que por la salud y economía de la colectividad.
Crisis
Los efectos económicos en el plano internacional apuntan a la materialización de una depresión de grandes proporciones que llevará más de una generación en ser superada.
La sociedad mundial será afectada en mayor o menor medida por la pandemia de coronavirus, en el plano económico.
De entrada, la devaluación del peso ante el dólar y la baja en el precio de barril de petróleo de exportación, sumada a la reducción de la actividad turística, nos pasan la primera factura.
El fantasma crisis que al parecer nunca nos ha dejado, de nueva cuenta toca la puerta de manera insistente.

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