La aprehensión en España de Emilio Lozoya Austin representa para el ciudadano presidente una verdadera bocanada de oxigeno.
Frente a las criticas por el desabasto de medicamentos, la política migratoria y los resultados en seguridad, que tienen a su administración en predicamentos que pretende ignorar o aminorar, la captura del exdirector de Pemex que se traduce en un avance en el combate a la corrupción se traduce en un avance más que significativo.
El siguiente paso, más allá de los trámites de extradición, será sacarle al tema como lo hizo de inmediato en su conferencia mañanera, todo el jugo posible en términos políticos y de propaganda, como bandera en contra de la corrupción del pasado.
Es más que claro que el caso de Lozoya Austin se sumará al de Rosario Robles, en el rubro del combate a la corrupción y la procuración de justicia, pero de ahí a que sean condenados y se recobre parte de los recursos económicos de los que se habla, aún hay una enorme distancia.
Sin embargo, por lo pronto el ciudadano presidente se montará en el show que puede montar en derredor de la aprehensión.
Vaquita
El ciudadano presidente da continuidad al show de la rifa que no es rifa del avión presidencial, pero que en términos propagandísticos se maneja como tal.
Ahora, proyectó el mensaje de que cuenta con el apoyo de la iniciativa privada para la adquisición de los boletos y, en teoría, su reventa posterior.
No obstante, hay que dejar en claro que se trata de un descarado pase de charola a los empresarios, quienes a fin de cuentas pueden ser los principales beneficiarios de la rifa.
Todo por supuesto, para cumplir con el propósito del ciudadano presidente de dar continuidad al show que conviene a sus intereses.

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