La evaluación de lo hecho por México, a partir del pretendido acuerdo en materia migratoria alcanzado con Estados Unidos, en el que el país se convirtió de facto en el muro que ha buscado construir el presidente Trump, pone de nueva cuenta a prueba la capacidad de adaptación del ciudadano presidente y su discurso en la materia.
Las promesas realizadas por el candidato Andrés Manuel López Obrador, quedaron atrás para dar paso a la determinación del ciudadano presidente de materializar en los hechos una modificación en materia migratoria, con dos líneas claras: contener el libre tránsito de migrantes y recibir, por razones humanitarias, a los solicitantes de asilo en Estados Unidos, que sean retornados a territorio mexicano, a la espera del desarrollo de sus correspondientes procesos, pero sin aceptar que se opere como un tercer país seguro.
En concreto, el sometimiento a los intereses de la administración Trump, que pese a reconocer lo realizado a la fecha, que entre otros factores se ha reflejado en protestas de migrantes en las instalaciones del Instituto Nacional de Migración, ante la lentitud o negativa a entregarles la documentación que les permita su tránsito hacia territorio estadounidense, parece dar frutos positivos para el lado estadounidense pero negativos en el plano interno para México.
No obstante, ante este panorama, llegado el momento de la evaluación en territorio estadounidense, todo indica que la administración Trump irá por todas las canicas, para lograr que en los hechos México opere como un país seguro, aunque en el plano discursivo se maneje cualquier otro concepto o discurso.
A fin de cuentas, se quiera o no la promesa de otorgar visas y hasta posibilidades de empleo, a los migrantes en territorio nacional, quedó en el pasado, y ante ello el ciudadano presidente no tiene más alternativa que hacer mutis y mostrar su mejor rostro, al tiempo que enfoca su atención en el proyecto de apoyo a los países de la región centro-sur del continente, que le brindará la posibilidad de proyectar en el plano internacional, su imagen como la de un líder regional.
Equidad
Martí Batres no tardó en ir por la revancha, en busca de resarcir el agravio.
Va por una modificación similar a la que se impulsó en la Cámara de Diputados, con miras a minar la capacidad de operación de Ricardo Monreal y en una de esas lograr su remoción de la coordinación de la fracción morenista, rotar la presidencia del Senado y posibilitar la equidad en la materia para dar paso a las senadoras en esa posición.
Atención Ciudadana
A poco más de un mes de inicio de las jornadas de atención ciudadana, el ciudadano gobernador de Puebla, si bien ha informado sobre su desarrollo no ha presentado una evaluación general del programa en el que participan todas las dependencias de la administración poblana que permita establecer con claridad el nivel de aceptación, pero sobre todo de eficacia del mismo, en términos tanto cuantitativos como cualitativos.
Pero, sobre todo, no se ha atrevido a romper el esquema de un gobierno centralista, que en el discurso busca un acercamiento con la ciudadanía, pero al momento no ha mostrado disposición al menos discursiva, para trasladar las jornadas de atención ciudadana a otros municipios para acercarse a las y los poblanos de todas las regiones de la entidad, en lo que si constituiría un verdadero cambio.
Atención que se no se traduce en resultados que impacten positivamente a los peticionarios, es pura demagogia

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