Imagen tomada de La Razón

La vinculación a proceso de Rosario Robles y la prisión preventiva que le fue dictada, en principio por meses, por el presunto delito de ejercicio indebido del servicio público, representa solo el inicio en el plano judicial de una historia que inició en la pasada administración, y en la que ahora se ven implicados de manera directa, por lo señalado por la imputada Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade, en lo que se antoja como un escándalo de grandes magnitudes que favorecerá la imagen del ciudadano presidente.
La exhibición pública, más allá de la condena que pudiera surgir, servirá para justificar la alternancia en el poder y la adopción de las medidas de austeridad, ligadas por supuesto al adoctrinamiento que se busca impulsar mediante la denominada cartilla moral.
Además, por supuesto a la independencia con la que pueden actuar las autoridades en el plano judicial.
Sin embargo, por más que se pudiera señalar no representa un logro de la actual administración, porque las carpetas ya estaban abiertas y sólo se dejó correr el proceso, al igual que en el caso de Emilio Lozoya, por lo que el casillero de aplicación de la justicia por parte del ciudadano presidente aún sigue pendiente, en lo que se traduce en los hechos en un perdón absoluto, a los hechos del pasado, con lo que su promesa de combate a la corrupción resulta hueco.
De entrada, el ciudadano presidente reiteró su respeto a la independencia de los poderes, al señalar que no es un asunto suyo y que será el juez quien determine si deben declarar algunos funcionarios del pasado, con lo que emuló a Poncio Pilatos.
Y con ello, confirma la percepción de que su administración no busca enjuiciar a funcionario alguno, solo dejar que corran su suerte los procesos que ya estaban abiertos, por lo que se puede dar confirmado aquello del perdón y olvido.
Solidaridad
El llamado del ciudadano gobernador de Puebla a aspirantes rechazados de la BUAP para que abandonen la huelga de hambre, aunada a su expresión de solidaridad, se traduce en una foto de oportunidad, antes que una acción de gobierno que busque superar el problema de fondo, en el que se busca proyectar una imagen de cercanía y atención que está muy alejada de satisfacer la mínima expectativa social.
Ciertamente el hecho de que el ciudadano gobernador se acercara a dialogar con los jóvenes rechazados, constituye un acto positivo, pero resulta estéril si no se acompaña de una medida positiva que contribuya a la solución de su problemática.
No se plantearon gestiones ante el rector de la BUAP para ampliar la matricula, tampoco la posibilidad de una ampliación presupuestaría, la apertura de más campus, ni siquiera la eventual opción de fortalecer la educación a distancia.
En consecuencia, la expresión de solidaridad y el exhorto al ciudadano rector para que reciba a los rechazados, son tan estériles como innecesaria una presencia que no abona a una solución positiva.

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