De cara al primer aniversario del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, en las urnas, resulta obligada una revisión del panorama nacional.
Durante su campaña el hoy ciudadano presidente realizó múltiples compromisos que enlistó en cien durante su primer acto público, desde el zócalo capitalino, pero fundamentalmente basó su discurso en el combate a la corrupción y la mafia del poder.
Y con ello, obtuvo el respaldo de la sociedad mexicana que como lo hizo en el inicio del milenio volvió a optar por el cambio, para hacer prevalecer la alternancia en el poder, y brindarle la oportunidad de transformar al país.
Sin embargo, a la fecha, el combate a la corrupción y los múltiples señalamientos realizados no se han traducido en hechos de gran magnitud, aunque entre otros factores se recurrió a la atención a víctimas, la búsqueda de desaparecidos, la transformación de la residencia oficial en centro cultural, la eliminación de pensión para los expresidentes, subastas de bienes, la puesta en venta del avión presidencial, y el establecimiento de topes salariales para que ningún funcionario gane más que el presidente.
Además del cambio en el esquema de las estancias infantiles, la modificación del esquema de distribución de combustibles, y el ajuste en la distribución de programas sociales, en la confirmación del carácter paternalista de la administración pública, con tintes electorales.
En el plano legislativo, destaca la aprobación de la reforma educativa, la Guardia Nacional y el TMEC.
En paralelo, la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto, el inicio de la planeación de una nueva terminal aérea, la construcción de la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, entre otros.
Sin embargo, la última palabra del balance de los primeros siete meses de gestión del ciudadano presidente en el marco del primer aniversario de la elección del 1 de julio de 2018, queda en manos de cada ciudadano que le otorgó su confianza en las urnas.
Y esa evaluación, sin duda, pasa de manera obligada por el nivel de bienestar del que goza y la mejoría que puede percibir en ella.
No hay duda, cambio el gobierno, su tendencia e ideología, su forma de hacer las cosas y en cada ciudadano está la decisión de tomarlo como un avance o un paso hacia atrás que en principio lejos de buscar la cohesión social dividió a la colectividad en liberales y conservadores, en fifís y pueblo bueno.
Con todo ello, en el fondo cada ciudadano debe concluir si en realidad hay algo que celebrar o si es necesario, comenzar a recurrir a la añeja figura del muro de los lamentos.
Puebla
Pasado el inicio del proceso de transición, el gobernador electo de Puebla hizo un alto en el camino tras su segundo fin de semana consecutivo de gira de agradecimiento.
Todo indica que llegó el momento de las definiciones para determinar con seriedad, lejos de toda efusividad, quiénes conformarán el gabinete de Miguel Barbosa y cuáles serán las primeras acciones de su administración.
En tanto, las y los poblanos se concretan en esperar que la actividad gubernamental les sea benéfica, porque a querer o no, hayan votado o no por Miguel Barbosa, lo tendrán como gobernador durante poco más de cinco años, en los que tratará de acreditar en los hechos su compromiso de reconciliar a Puebla e integrarla a la 4T.

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