El que lucha por la justicia no tiene nada que temer. Con esas palabras el ciudadano presidente atajó los cuestionamientos en torno al reforzamiento de su seguridad, a partir de la exhibición de dos mantas con amenazas en su contra por parte de un grupo del crimen organizado dedicado al robo de hidrocarburo.
La amenaza acompañada de la localización de un paquete explosivo en las inmediaciones de la refinería de Guanajuato que en principio fue desestimada, incluso por el vocero presidencial, pone de relieve la reacción de los grupos contra los que ya no existe guerra, pero cuya acción si se le combate.
Evidentemente, un sector de la sociedad verá como algo positivo la determinación del ciudadano presidente de no incrementar las medidas de seguridad en torno a su persona, pero a todas luces es evidente que, a partir de su investidura como titular del poder Ejecutivo nacional, ese es un aspecto que no se puede descuidar.
Trátese de una amenaza ficticia o real, en general, la realidad es que la seguridad de los mandatarios de todos los países es un tema fundamental por las implicaciones que podría tener cualquier acontecimiento que ponga en riesgo su integridad. Se trata de algo más que parafernalia.
La seguridad personal es un rubro en el que el ciudadano presidente ha puesto especial énfasis, desde antes del inicio de su gestión, incluso ante señalamientos de integrantes de su círculo cercano y su familia.
Si los hechos referidos fueron sembrados o no, como lo señaló el vocero presidencial, aunque admitió que se realizan investigaciones sobre el particular, la realidad es que el ciudadano presidente debe dejar de lado su optimismo y confianza para apreciar la realidad que perciben de manera cotidiana millones de mexicanos, en el rubro de seguridad.
Si como lo dijo en el inicio de su gestión, es cierto que ya no se pertenece a si mismo, sino a la sociedad mexicana, el ciudadano presidente debe considerar con seriedad la conveniencia de reforzar las medidas y esquema de seguridad en torno a su persona, no sólo por eventuales amenazas, sino como parte de un deber de Estado.
Mentores
Los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación jugaron a las vencidas y doblegaron no solo al gobierno de Michoacán sino al de México.
El bloqueo que realizaron a las vías férreas durante más de quince días rindió frutos y concluyó, parcialmente, con una mesa de negociación en la que participaron autoridades estatales y federales, con representantes de la CNTE.
Lo que no se ha establecido o pretendido ignorar es que esta actitud de la Coordinadora, es de manera indirecta una consecuencia de la caída de reforma educativa y el cambio de actitud del gobierno federal.
Si se aprecia el panorama previo, se debe reconocer que la pasada administración había logrado contener este tipo de manifestaciones que a partir del éxito de la CNTE en Michoacán podrían multiplicarse en varios estados.
A fin de cuentas, el mensaje es claro. Cerrar las vías de comunicación para obtener el cumplimiento de demandas, es un recurso que reditúa buenos dividendos.

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