Imagen: Excelsior

WASHINGTON.El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, presentó ayer renuncia luego de soportar más de un año de ataques personales del presidente Donald Trump por haberse desmarcado de la investigación sobre la posible injerencia rusa en las elecciones de 2016.
Sessions dijo que dimitió a solicitud del Presidente. “A petición suya, presento mi renuncia”, escribió en una carta dirigida a Trump.
El mandatario anunció en un tuit que nombraría al secretario general de Sessions, el exfiscal federal Matthew Whitaker, como fiscal general interino. Whitaker ha criticado la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre una posible coordinación entre Rusia y la campaña presidencial.
La renuncia fue la culminación de una relación que se desgastó a las pocas semanas de que Sessions fue nombrado, cuando se distanció de la pesquisa de Mueller.
Trump dijo que esa decisión permitió la designación de Mueller, quien se hizo cargo de la investigación sobre Rusia y comenzó a examinar si la intimidación del mandatario hacia Sessions formó parte de un esfuerzo mayor para obstruir la justicia y obstaculizar la indagación.
La portavoz del Departamento de Justicia, Sarah Flores, dijo que Whitaker “estaría a cargo de todos los asuntos que conciernen al Departamento de Justicia”. La agencia no anunció la salida del subsecretario Rod Rosenstein, quien designó a Mueller hace más de año y medio.
En alguna ocasión Whitaker opinó sobre una situación en la que Trump podría despedir a Sessions y luego designar a un secretario interino que pudiera suprimir el financiamiento de la investigación de Mueller.
Así, yo podría ver un escenario en el que Jeff Sessions sea reemplazado con un nombramiento en receso, y que ese nuevo secretario no despida a Bob Mueller, pero le reduzca tanto el financiamiento que su investigación quede parada”, dijo Whitaker a CNN en julio de 2017.
Cuando se le preguntó si eso sería para reducirle los recursos al fiscal especial, Whitaker respondió: “Así es”.
Mueller ha llegado a una línea roja en lo referente a su investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 y está peligrosamente cerca de cruzarla”, dijo Whitaker.
Los implacables ataques contra Sessions se llevaron a cabo incluso después de que el funcionario republicano fue el primer senador de Estados Unidos en apoyar a Trump, y a pesar de que su agenda para luchar contra el crimen y las prioridades —sobre todo sus duras políticas de control inmigratorio— eran muy similares a las del Presidente.
PUNTO DE QUIEBRE
Sin embargo, la relación se dañó irreparablemente en marzo de 2017, cuando Sessions, reconociendo reuniones previas no difundidas con el embajador ruso y mencionando su trabajo como asesor de campaña, se desmarcó de la trama rusa.
La decisión enfureció a Trump, quien reiteradamente afirmó que nunca habría seleccionado a Sessions de saber que se recusaría. Tras el hecho, la investigación quedó en manos de Rosenstein, quien designó a Mueller como fiscal especial dos meses después de que Trump despidiera al entonces director del FBI, James Comey.
En los ataques vía Twitter, en persona y entrevistas, Trump decía que Sessions era débil y atormentado, se quejaba de que no fuera más agresivo hacia las acusaciones de corrupción contra su rival demócrata Hillary Clinton, y dijo que era una “desgracia” que Sessions no fuera más serio para escudriñar los orígenes de la investigación rusa en busca de una posible parcialidad policial, aunque el secretario de Justicia sí le pidió al inspector general del Departamento de Justicia que investigara esos alegatos.

Fuente: Agencias, Excélsior

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